diumenge, 24 de juliol de 2011

La purga de la yegua, 1




Nana solo tiene tres años, bueno...los cumplirá dentro de cinco meses, es una niña despierta y muy sensible, lo más importante en su corta vida fueron su madre y su hermanita, aunque todo su entorno la quiera y ella se haga querer
Pilar, su vecina cuida de ella hasta que llega su tía  para llevársela, desde que murió la pequeña Brigitte, su madre está hundida no deja de llorar y todos creen que eso no es bueno para Nana.
Ha pasado un mes de la muerte de la pequeña, Nana amaneció con fiebre
¡Sara! eres una paranoica, ¡siempre lo mismo! a la niña no le pasa nada, todos los chiquillos tienen fiebre.
Echó el morral al hombro y salió de la casa en dirreción a la sierra, su trabajo era en las obras de la nueva presa.
A su vuelta, la niña seguía con fiebre, quizá el miedo a que los hermanos de Sara , dijeran que era su culpa, sin cambiarse de ropa, salió en busca del médico.
Don José los tranquilizó, no os preocupeis, esta fiebre no es tan fuerte como la de Brigitte, es una infección y seguro que remite en un par de dias, no veo que pueda tener mucha importancia.
Las fiebres no remitían más de un par de horas al día, el efecto de los medicamentos y al rato...otra vez la temperatura, se apoderaba del pequeño cuerpo de Nana,  sus negros ojos estaban apagados, su sonrisa pérdida.
En una semana, supieron  que la enfermedad que aquejaba a la niña, no era otra que una infección al riñón, pero no de que mal se trataba.
El sueldo  de su padre, no alcanzaba para tanta medicina y sus tios decidieron que diese otro jornal en la finca familiar, ésta, distaba cinco kilómetros del pueblo, los mismos que Sara recorría todos los días, para llevarle a su marido la comida.
Don José, había decidido, que Nana  no tomase agua, tan solo mojarle los labios, pues los sueros ya hidrataban su cuerpo., hizo falta penicilina, que tenia que llegar de la capital y más de una dosis, se compraba de estraperlo, llegaba en una pequeña cajita de madera, que Sara  guardaba en el cajón de la cómoda, con la ropita de Brigitte, dentro de cada una de ellas, dejaba una nota, quizá era una suplica para que su niña, no siguiese el mismo camino que su hermanita.
En los meses de julio y agosto, el calor por aquellas tierras era  sofocante, a las horas que Sara iba y volvía del cortijo, el tiempo que duró la enfermedad de Nana, su madre no probaba una gota de agua en todo el camino y la que tomaba en casa la limitaba a un par de vasos al día, si mi hija no puede beber, yo tampoco decía.
Las fiebres continuaban y la infección parecía no ceder, ya se había probado todo, aquella noche la niña ya no tenía fuerzas ni para llorar y Sara bajó a casa de Don José.
Es nuestro último recurso le dijo el Galeno, haz ésta pastilla ocho trozos y le das la mitad de uno cada seis horas.
Todo el mundo quería a Nana y las visitas se sucedían una tras otra, en ocasiones el pequeño portal de la casa, se llenaba de gente, aquella noche se había marchado todo el mundo, cuando llegó la cuñada de Sara, mientras ella cumplía el encargo del médico y se disponía a darle la dosis a la pequeña.
Ana, su cuñada, se echó las manos a la cabeza al ver el postillón .
Sara, ¡por Dios! ¿ que vas a darle?
me la dio Don José, dice que es lo último que cree pueda ayudarle
Ana le dijo, esto se lo ha dado el veterinario a una yegua que parió y no se había limpiado.
Me da igual Ana, voy a dársela, ya no se que hacer y no quiero enterrar a otra hija, ¡no quiero es demasiado!
Siete horas habían pasado y solo una de la segunda toma.
mami, ponme en mi orinal que tengo muchas ganas
Nana cielo, no te preocupes, no vas a mojar nada, puedes hacértelo, Sara estaba convencida, que las gotas que orinaba la niña, nomonjarian nada.
Nana insistió, ¡mami que no puedo aguantar corre!

la sentó en su orinal y al momento...¡dios aquel ruido no podía salir de un cuerpo tan chico!
Intentó medirlo, como le había dicho el médico, pero no pudo, se hizo una madeja
Salió de la habitación tapando el orinal con una toalla, Ana , quedate con la niña, ya subo
y salió cuesta abajo, hacia la casa del médico.
Sara, respira relaja te y...da gracias a Dios, la niña ya es nuestra.
¿Nuestra? pensó Sara,¿ de quien había sido en estos meses?,
En aquel momento, juró que nunca dejaría que le ocurriese nada, pero...sabia bien, que no podría evitarlo.








1 comentari:

  1. Hola Oreneta, es un buen relato y por lo que intuyo real. Me ha gustado tu forma de redactarlo, claro conciso y bien hilvanado, espero saber el final de tu crónica de vida.
    Tengo un lío contigo, con tus nombres, ¿eres Nana Smith?, porque entonces eres mi seguidora y yo no me he puesto de seguidora en tu blog al no saber quien es quien.
    Gracias por tus comentarios y quedarte con mi premio.
    Te dejo mi ternura con un beso
    Sor.Cecilia

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