dilluns, 25 de juliol de 2011

Encabezamiento

Como pasa el tiempo, ¡que deprisa¡ al igual que las hojas en otoño, se desprenden de las ramas, monotonas y secas, alfombrando el suelo con su tono de oro envejecido.
Así pasó mi tiempo, sin darme cuenta que los años, surcaban por mi rostro dejando su huella imperturbable, ajó mi cuerpo con ensaña, marcó mis sienes doloridas y en mi mente, gravado como a fuego el dolor la injusticia, el menosprecio, el hambre de cariño el dolor de las ausencias presentes, una infancia sin tiempo de vivirla, nacida hipotecada por el peso de una deuda de odio, que no tuve tiempo a contraer.
En el otoño de una vida no vivida, reposo en el regazo los recuerdos, acaricio con pena y con dolor el tiempo rebelde, la niñez envejecida en un entorno de amarguras, la muñeca de porcelana, estrellada con rábia contra un suelo ajeno a mi inocencia, lejano a mis raices.
La tristeza en el rostro, de quien me dió la vida.
La recuerdo, acariciando mi pelo ensortijado de un negro enrojecido, el mar en sus verdes ojos de gata, gotear por sus mejillas, sin respuesta a mis preguntas, ¿porqué? mas no hallo respuesta, a veces, quisiera que existiera ese Dios, pero tan solo es un deso en el que suelo o...solía refugiarme cuándo la incomprensión se anudaba a mi garganta, sobre todo, en aquellos años  en que llamemosle, mala suerte, hizo mella honda en mi fragil y diminuto curpo,de niña-mujer.
Volviendo a mi regazo, barajo sueños adolescentes, empresas incumplidas, quizá por su alta dosis de útopia, la lucha contra un todo poderoso, el querer y el no tener materia de cariño.
¡Cuántas veces¡ volví a mis raices, soñando simplemente, recordando el camino entre los alamos, el agua derramada entre las piedras del suelo de aquel pozo, donde no solo las bestias abrevaban, también lo hacían mis recuerdos.

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