dimarts, 20 de setembre de 2011

Cariño sin retorno

No era el primer día que amanecía así, eran ya muchos los meses, que digo, los años eran años, justos los mismos de mi retorno, ¡maldito día! sí maldito, maldecía el momento en que no se porque razón pensé en volver.
Claro está que en aquellos momentos, nada me impedía  hacerlo, mis recuerdos no eran lo que se dice fantásticos, pero tampoco guardaba en mi memoria nada que presagiara desastre alguno.
Mi conciencia era limpia, mi vida había sido como la de cualquier ser humano que lucha por sacar su familia adelante, luché hasta donde llegaron mis fuerzas, confiando siempre en mi entorno en mi familia, siempre creí que todo lo que ocurría a mi alrededor, lo que me decían  era totalmente cierto.
Muchos años  tuvieron que pasar, para que me diese cuenta de la falsedad que me rodeo en aquellos días.
En las pocas ocasiones que tuve para visitar el lugar, pude comprobar que algo no era como yo recordaba, pero...que lejos de mi pensamiento, el que a mis espaldas se hubiese  forjado una mala leyenda sobre mí.
Pero...¿quien, porqué?
Quién, era obvio lo que ya no estaba tan claro era el porqué, no lo estaba quizá para los de fuera, para mí sí lo estaba, aunque me costase trabajo creerlo,  me costaba porque yo  en toda mi vida, había sido capaz de forjar semejante historia, ni siquiera en la ficción.
Me habían superado, todos hasta los que menos imaginé pudieran hacerlo, habían conseguido que apareciese ante la gente como aquel ser maligno endemoniado o...loco, era la mejor definición aparte de los calificativos en los que no se cortaron a la hora de hacerlos, ¡Dios!  si hasta de fulana, llegaron a calificarme, ¿las pruebas?
para que querían ellos pruebas,  sabían perfecta mente  que era lo suficiente mente confiada, para darles tiempo a que calase hondo y una vez  que la historia circula...algo queda  o alguien se la cree.
Buscaba culpables pero  me ocurría como dice el refrán, que los dedos se me hacían huéspedes.
Sospechaba de todos y de todo, descartaba a unos, par inmediata mente sospechar de ellos, precisamente siempre sospeché de los más lisonjeros, nunca me dejé querer por el  miedo a que quisieran llevarme a su terreno.
No me daba cuenta, que mi actitud lejos de ayudarme, provocaba en los que me querían el pensamiento de que mi cabeza no estaba muy bien amueblada.
No eran ellos los que se alejaban, era mi actitud mi miedo, el pánico que provocaba en mi el temor al desprecio, los demás podían tener razón en lo que habían dicho, estos se darían cuenta y...entonces...entonces yo sería un despojo, de hecho era así como me sentía.
Nunca podría demostrar como era realmente, ni siquiera  era cierto aquello de que escribía bien, que llegaban mis letras al corazón de la gente, esas letras, provocaban en algunos, tales sentimientos que me retaban públicamente, a otros todo lo contrario, pero a pesar de ello nadie y digo nadie, se alzó en mi defensa.
Me preguntaban, ¿no estuviste en...  no te  han llamado para que formes parte?
Sabían perfecta mente, que nadie iba a contar conmigo, pero...¿de verdad creían en mis posibilidades, o era más bien una forma como otra de reírse?.
Sí tuve defensores gente que creyó en mí, que pasaban de comentarios y chismorreos, que veían en mí un ser humano, eran pocos, tan pocos que se contaban con los dedos de una mano, a mí me llenaba de orgullo contar con ellos, y a la vez el dolor me consumía, ningún lazo de sangre nos unía  y eso para mí era demasiado importante.

Agosto de un año cualquiera, una de sus treinta noches no importa cuál, un entorno  que olia a aromas de otros tiempos, lleno de color y magia, tenía que ser mi gran noche, fue la más amarga de mi vida, sólo tuve que subir aquellas escaleras, para darme cuenta de que mis sueños de ser parte de aquella tierra, volaron a medida que mi voz  ronca y ahogada declaraba mis sentimientos.
Habían reconocido que era un buen trabajo y lo hubiese seguido siendo si quien lo firmaba no hubiera sido yo.
Mi suerte, que no todos  conocían  mi envoltorio y me refiero al que las malas lenguas habían urdido para mí.
Las felicitaciones de compañeros, venidos de otros lugares, llenó mi ego, nunca más acertada la palabra "Ego"
hasta aquel momento, "lo mejor que se ha leído esta noche" y eso lo decían precisamente los ganadores de otros premios.
No bastó para que subiera mi auto estima y se que las palabras eran sinceras, a que si no iban a reconocer algo así, no tenían ninguna necesidad, nunca nos habíamos visto y...posiblemente tampoco volveríamos a vernos.

Mi familia estuvo y lo agradezco, pero no todos lo hicieron para arroparme, algunos y no nombro, lo hicieron por lo de siempre, el que dirán..., los otros los que menos les obligaba a cumplir, lo hicieron  estoy segura, porque en aquél momento se sentían orgullosos de mí.
Al fin algo recompensaba mi esfuerzo, algo un mínimo quizá, friísimo hilo me unía a mi familia. gané a los perdidos y perdí a los que nunca tuve, aquel día creo que fue el definitivo.