dimarts, 19 de juliol de 2011

El día más largo,4

El verano empezaba a tocar a su fin, pero el sol se estrellaba en la cal blanca de las casas, apenas levantaba unos centímetros del suelo y mis pequeñas manitas se aferraban con fuerza a los hierros de la ventana.
No podía creer que tenía que dejar todo aquello, mi casa, mis cabras, las gallinas del corral y hasta mi vieja muñeca de trapo.
Me la hizo mi prima, tenía bordados los ojos y la boca, no tenia nariz, pero sus pelos de largos trozos de lana negra le daban un toque especial y...tenía que dejarla, llevábamos demasiadas cosas decía mi madre, se te va a perder y luego llorarás, déjala y la tendrás cuándo volvamos.
¿volver? ¿iba a volver?
La vieja "pava" nos esperaba  en la carretera, iba cargada de gente y bultos, ¿todo el mundo se iba a Barcelona?, que ilusa, no, no se iban a Barcelona, las únicas que se iban éramos nosotras, mi madre y yo.
Aquello me parecía tan injusto, que pregunté a mi madre, Mama, ¿porque tengo yo que irme? ¿no puedo quedarme con la tita?
Fue rotundo el no, casi me dejó sin ganas de seguir preguntando.

El viaje hasta la estación lo hice en silencio, mi madre tampoco tenia muchas ganas de hablar.
Rompí mi mutismo al ver el tren que se acercaba lento a la estación, para mí era toda una novedad jamás había visto una pava tan grande y además con las ruedas de hierro, me corrigió mi tía diciéndome, no es un coche cariño, es un tren, por eso tiene tantos vagones y las ruedas de hierro, venga que os acomodo en el vagon, que no tardará en salir, mi tía quería aparentar fuerza, pero la verdad es que nunca la había visto tan triste.
al subir al dichoso convoy, me quedé perpleja, tenia un zaguán como las casa de baños, la mía no tenía porque  si no, no podrían entrar las cabras hasta el corral, pero si que lo tenía la de mis abuelos y después un portal grande con pilistras y una silla muy larga de palitos pequeños y enea, yo  no vivía en aquella casa y no se porque, tampoco querían que fuera, nunca lo entendí, ¿porque no podía jugar con mi prima?
Después de lo que yo le llamé zaguán  se abría una puerta a un largo pasillo y a un lado mas puertas, que eran como cuartos muy chicos con unos largos asientos a cada lado y en medio una ventana grande.
Por encima de los asientos una reja para dejar los bultos y maletas, allí colocaron mi madre y mi tía las pocas cosas que llevábamos y nos sentamos las dos mi madre y yo, mi tía le dejó una cesta a mi madre en la falda, me dio un abrazo como sino me fuese a ver más y llorando se bajó del tren.

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