dimarts, 27 d’agost de 2013

Vuelta al pasado


VUELTA AL PASADO




Eran vagos recuerdos los que venían a mi mente, sueños de niña, nostalgias de un recuerdo que había quedado grabado en aquellas infantiles pupilas y que ahora empezaban a pasar como una película de súper 8, sí, aquellas viejas cintas que dormían en el desván cubiertas de polvo y añoranza. A través del cristal se dibujaba ante mis ojos, la grandeza sublime de aquella majestuosa tierra, el verdor plateado de su océano de olivos contrastando con el negro brillante al sol, de la pizarra de sus sierras y la jara y adelfa, veri cueteando  hasta el fondo del mal llamado valle, donde el espejo transparente y cristalino de las aguas daban forma  al pantano, que a su vez, era el cancerbero del pasado de aquella legendaria tierra.
Sentada en el asiento delantero de mi viejo “mercedes” cada uno bautiza su coche como le gusta y con la mirada al frente intentando no perder detalle de todo lo que iba pasando ante mis ojos, recordaba  mis subidas y bajadas por aquellos empinados  riscos, acercándome a las adelfas del camino y oyendo la voz de los mayores diciéndome, no cortes las flores son venenosas,¿Cómo podían ser venenosas? eran ¡tan hermosas¡, al menos para mí lo eran, quizá porque en mis largos paseos hasta el agua, no había encontrado otras, o quizá, por el rosa intenso de sus pétalos.
Recordaba mi pueblo encaramado en un montículo y me veía de niña al pie del viejo pozo, que paradojas de la vida, se llama “pozo nuevo” atrás quedaban los álamos del camino, hoy desaparecidos y… la vieja vereda hacia la ermita y el cementerio, la ermita…recordar solo su nombre, era como volver  de nuevo a ser niña.
Junto al pozo, un pilar que servía de abrevadero a la vuelta de la dura jornada diaria
y ante mí, la carretera que accedía a mi querida Villa. Una vieja herrería era el muro divisorio de las dos entradas, a  la izquierda, la vieja carretera que solo avanzando unos metros, llegabas a las escalinatas del paseo, nunca supe come se llamaba, para mí era el acceso a la “pava”, el viejo coche de línea, que todas las mañanas recorría el camino de álamos y olivares hasta llegar al cruce, donde para mí, empezaba la agobiante civilización. Y no es que mi pueblo no estuviese civilizado, en aquella etapa de mi vida, civilización significaba, bullicio aglomeración, gente y falta de aire para respirar, por eso  era tan feliz en mis cortas estancias  en lo que para mí era mi paraíso particular, mi pueblo.
Catorce años tenía en mis últimas vacaciones, ya no volvería, hasta varios años después, pero esa etapa prefiero dejarla dormida en el desván de mis recuerdos, abrigada con la vieja capa de unos sueños rotos.
Había llegado a la plazuela, allí, me detuve para dejar paso a los coches que bajaban de la plaza, el paso es estrecho.
Ya en la plaza dejé mi viejo mercedes aparcado y salí de él para respirar aquel aire que todavía permanecía en mis recuerdos.
La plaza seguía siendo a pesar de sus cambios, la misma de siempre, la imponente Iglesia, la fachada de piedra de su ayuntamiento sus casas señoriales y allí como resaltando en un cielo solo hecho para ella, la almena del castillo.
Por un momento y sin moverme del atrio de la Iglesia, subí la cuesta de Santa María,
y me vi. como un granito de arena ante la inmensidad de aquella fortaleza.
Abrí los ojos para volver a la realidad y volví a mi viejo  coche.
Enfilaba la  calle  despacio, queriendo reconocer todos aquellos viejos caserones y aquellas piedras, que tanta importancia tenían en mí.

Todo seguía igual y sin embargo todo era distinto, las casas continuaban en los mismos lugares, pero con grandes cambios, fachadas que yo recordaba blancas, eran ahora de hermosa piedra, dándoles un aire más señorial y a la vez austero.
Antes de seguir la calle que desembocaba ante la misma Cruz de las Azucenas, me detuve, tras de mí seguía impertérrita la vieja fuente, cuantos remojones me había dado,
era mi pasión mojarme y salpicar a mis amigos con el chorro mientras  aplastaba la mano en su caño para que el agua se repartiera y cuantas veces me caía la regañina, niña, que el agua no se esturrea, pero yo esperaba que se escondiera en su casa quien me llamaba la atención y volvía de nuevo a las andadas.

Decidí aparcar mi coche y seguir a pie la distancia que me separaba de la ermita.
Era majestuoso lo que había ante mis ojos, era exactamente como la película que guardaba en mi memoria.
Caía el sol con fuerza sobre las casi escondidas piedras del atrio de la ermita, pequeñas briznas de hierba pisoteada intentaban abrirse camino entre ellas.
Delante mismo, se abría un corto pero  hermoso paseo, en el centro de la amplia calle, que yo recordaba  de casas de una sola planta, en las que el sol resaltaba sus rayos sobre la cal de sus paredes, todo había cambiado, al fondo el viejo edificio del matadero,
me llamó la curiosidad saber si todavía, se ejercía actividad en él.
Giré mis pasos , esta vez dándole la espalda a la pequeña y coqueta avenida cubierta de rosales y pequeños setos, que de seguro, harían las delicias en las noches de estío a todos sus paseantes.
Todo era diferente a como yo lo recordaba, el pueblo había crecido, las viejas y destartaladas casas, se habían convertido en otras más grandes, el progreso había llegado también a aquel  añorado rincón de Sierra Morena.
Los mayores cara al sol, me miraban con extrañeza, nadie me conocía, pero algo sí, les decía en su interior que yo no era una turista más de las que se veían por el pueblo.
Quería quedarme allí un rato y recordar, pero no se porque sentí miedo, miedo a…no sabía a que, quizá a mis recuerdos, o tal vez a encontrarme con un pasado al que mi yo interno quería volver,  pero mi presente, se obstinaba en olvidarlo.
Absorta en estos pensamientos no advertí la presencia de aquella mujer, que con una dulzura que me resultaba familiar, me preguntó, ¿te gustaría entrar a la ermita?, sin esperar mi respuesta continuó,  ¿ves aquella puerta?, llama, las monjas te la enseñarán.
no se si llegué a llamar a la puerta y tampoco recuerdo  que nadie me abriese, pero…estaba allí, en la entrada, al fondo, la mayor maravilla que en todos mis muchos años había contemplado, ¡el Camarín!  sus diminutas figuras se reflejaban esplendorosamente en los no mayores espejitos que lo poblaban, se decía, que a quien lo hizo le habían sacado los ojos cuándo lo terminó, para que no repitiese  tan  bella obra en otro lugar. A un lado y a otro relucientes y recién rescatados
del polvo del tiempo, lucían esplendorosos los lienzos, que de niña tanto me impresionaran.
Ávida, busqué, pero no lo encontraba, de nuevo sonó en mis oídos la voz dulce y arrulladora de aquella mujer,
Ahí está, ¿lo ves?
Sí, claro que lo veía, pero… ¿Qué había pasado?,  “Ella”, la Condená, no estaba, su figura desgarradora. con los pelos encrespados y su mirada de ultratumba, mostraba la de un hombre, no por eso menos enigmática.
Ven, siéntate, me dijo dulcemente, te ayudaré a recordar
En aquel momento un frío intenso recorrió mi cuerpo,  en sus verdes ojos, cuál espejos al pasado, estaba yo,  la niña de negros y largos tirabuzones, cogida de su mano y escuchando atenta la vieja historia, que no se si otras madres la contaban a sus hijas, pero a mí, me la contó la mía aquel último verano, a partir de entonces, ya no volvería a disfrutar de sus paseos ni de las bellísimas historias que me contaba, cuándo juntas volvíamos a nuestras raíces.
Mi querida niña, no debí contarte la leyenda de aquella forma, se que solo te producía miedo y terror, pero eso, lo se ahora, por eso estoy aquí, para contártela tal y como siempre se ha conocido, casi todos la creen leyenda, yo puedo asegurarte que no lo es.
Habíamos dejado atrás la ermita y a los viejos tostándose al sol, el paseo había desaparecido y las puertas del viejo matadero estaban abiertas, dando muestras de que dentro había actividad...
frente a nosotras, el negror de la pizarra de aquella sierra, las viejas encinas, las subidas y bajadas de sus montes abrían el camino en el profundo barranco.
 Desde el pozo Luzonas, el camino se abría entre riscos de pizarra y matojos, jara y tomillos desprendían su aroma, que iba impregnando en el ambiente,
A medida que avanzábamos ambas silenciosas, un halo de paz y seguridad me invadía el alma y a la vez sentía el miedo que de niña me producía caminar por aquel lugar. Atrás quedaba el altozano  dejando solo al descubierto de la mirada los rojos tejados de las casas.
los arroyuelos que serpenteaban en el barranco, daban vida a  aquella majestuosa naturaleza.
Me vi. reflejada en sus limpias aguas, transparentes, como espejos límpidos y relucientes que iban mostrando por momentos imágenes de mi vida, todos los momentos felices y amargos, se fueron reflejando en aquel pilar, el mismo que según la leyenda, contaba que en sus aguas reposaba la Encantá a la espera de que cualquier alma se asomase, para cambiarse por ella.
Bajé de la piedra en que me había subido para llegar al borde del pilarejo y mirando a la mujer, le pregunté; ¿Por qué no me ha cogido la encantá?, no decías que los que pasaban por aquí y se asomaban se quedaban dentro hasta que pasara otro y se cambiaran?
Sonreía, sus grandes y verdes ojos me miraban con un candor especial, pero que para mí, no era extraño.
Mi querida niña, esto no es más que la ventana a tus obras, es…como un libro en el que se han ido escribiendo todos tus pasos, si tu alma ha sido noble, las aguas del pilar serán claras, aquellos que temían tanto pasar por aquí, era por su mala conciencia,
nunca tengas miedo a nada, si siembras esperanzas recogerás alegrías, si siembras vientos…recogerás tempestades.
El ruido del agua golpeando un papel y el olor de tierra mojado me trajo de nuevo al presente.
El autobús acababa de aparecer, por la curva que llegaba desde la carretera de la llaná



diumenge, 14 de juliol de 2013

La bicicleta







Desde los cinco años, mi única ilusión al llegar los Reyes, era que me trajesen una bicicleta, pero unas veces por unas cosas y otras por lo contrario, nunca llegó.

Tendría aproximadamente diez años recién cumplidos, Mariona era un año mayor


Aquel año, a mi amiga, si se le puede llamar amiga, a una niña de un nivel social, superior y que lo único que hacíamos juntas, era jugar en la plazoleta, cuando ella iba al mercado con su madre, para recoger la recaudación de la parada, o los sábados, que su madre también vendía con la dependienta.Como decía, a Mariona, le trajeron los Magos la bicicleta, ! mi sueño de años¡



Se paseaba ufana, con su madre al lado, porque ella tenía lo que yo tanto desee.



¿que te trajeron los Reyes? me preguntó su madre, no supe que contestarle, la verdad...aquel año ya era el segundo, que sus majestades, se olvidaban de mí, insistió María, ¿te han traído la bici?, entonces sí respondí, no, no les quedaban,mi madre dice, que se les agotaron y que seguro el año que viene me la traerán.



Si la hija se sentía superior a los demás niños, la madre lo era aún más y me contestó, con su falsa sonrisa; Cariño, es que tú has sido mala, por eso los reyes no te dejan nada, mira, mi Mariona, cada año le traen todo, porque es una niña buena.



Mi reacción fue la de cualquier niño, salí corriendo a mi casa, a contarselo a mi madre.



Nunca olvidaré su reacción, al verme llorar y oir de mi boca repetidas las palabras de María Se quitó el delantal, alisandose el pelo con las manos,, apagó el fuego en el que estaba cocinando, y con una rabia, que jamás había visto en su cara, salió hacia el parque, llevandome a mí casi arrastras.



Al llegar donde se encontraban, madre e hija, parecía haberse calmado y con una falsa sonrisa de oreja a oreja, le dijo a la niña,! que bici más bonita¡ ¿te la han traído los reyes?, claro, contestó la madre, antes que la niña, pero esta añadió, a nana por mala no le han traído nada.



Ahí quería llegar mi madre, a oirlo ella de sus propias bocas, pues la madre, ratificó las palabras de la hija.



La recuerdo, rubia, delgada muy alta, guapisisma, al lado de María más bien regordeta y no demasiado alta, eso sí, los cuadros de murillo, tenían la misma pintura que su cara, aunque era una mujer atractiva y siempre muy arreglada, yo nunca ví bien que las mujeres se pintaran la cara, con los años, fuí yo la del cuadro jeje



Pues no cariño, no son así las cosas , le dijo mi madre, enseguida intervino María, viendose venir la tormenta, No quería decir eso, Sara, a lo que mi madre le dijo, no quería, ni tú tampoco, pero lo habéis dicho.



Y ahora voy a ser yo quien le diga a esta niña tan buena, tan rica y tan mal criada, porque a ella le han dejado la bici y a mi nana no.



¿Sabes Mariona?, tu mamá tiene una parada y es la dueña, yo, soy dependienta, en la parada de la abuela de nana, tu abuela, tiene mucho dinero, los abuelos de nana, por desgracia ya murieron, y estos que tiene son postizos, pero la quieren más que si fueran como los tuyos.



Así que...espero me entiendas, pues ya tienes edad de saber las cosas, a tí, te compró mamá y papá la bici, pero como nosotros no tenemos dinero, nana no tiene bici, ¿lo entiendes?



Que los Magos eran de Oriente, y allí se quedaron, cuándo nació el Niño, así que dejemonos de pamplinas, y si tu eres muy buena, mi nana, MÁS, en dinero...tu mamá...MÁS.



María, nunca le perdonó a mi madre aquello, pero creo que mi madre,tampoco pudo nunca, perdonarle los desaires que me hacían, esa fue la gota que colmó el vaso y bien que le pesó despues, pero como decía, ya está hecho y la niña tiene diez años, muy grande pa Reyes.



Pero yo sé, que siempre le dolió su reacción, los niños...son niños




Mamá, yo quiero una bicicleta,
Cállate cariño, no me seas traviesa.
El año que viene, los reyes vendrán
Y la bicicleta, te regalaran.
El año pasó, los reyes llegaron
Y la bicicleta ¿donde la dejaron…?

No lo sé cariño, quizá se acabaron.
Pero…yo les dije que me la trajeran,
¿tu crees mamá que no he sido buena?
No es eso, mi niña quizá se acabaron.
De nuevo la niña jugaba y corría,
Igual que otros niños, soñó con tener
Una bicicleta y poder correr
Correr por las calles,
Montar a su gato y guardarla luego
después de un buen rato.

Pasaron los días volvieron los Magos
Y la bicicleta… ¿Dónde la dejaron?
Cariñito mío, tu lo has de saber
Los Reyes llegaron, solo hasta Belén
Y al Niño trajeron tres cosas de bien
Oro, incienso mirra y El…
Nos legó amor, el que día a día
Te ofrezco a ti yo.
No tengo dinero, no puedo comprar
Una bicicleta, para que mi niña, pueda jugar

Las lágrimas corren por su triste cara
Y ¡chilla! Y se ¡enfada!
No llores mi cielo, no sufras tu más
Que un día, la bici tendrás.
Pasaron los años y…se hizo mujer
Recordó triste los años pasados,
Cuándo feliz, esperaba a los Magos,
Veía a su madre, en casa sentada,
Contando el dinero, por ver si llegaba
Y luego d hacerlo…decirle con pena
¡ay chiquilla mía! Tu si, has sido buena,
Yo quisiera poderte ofrecer
Lo que tanto quieres, no puedo esta vez


Enero de 1971 Santa Eulalia, Barcelona

dimarts, 2 de juliol de 2013

A ese o esa enmascarad@

Hoy me he levantado muy tranquila, a pesar de que no dormí  muchas horas, estaba y estoy totalmente relajada, tranquila, feliz y muy a gusto conmigo misma, esto suele ocurrirme, el noventa y nueve por ciento de las veces.
Como todos los días empecé con mi rutina,  que no creo venga a cuento detallar.
como hace ya unos años vengo haciendo, abrí mi ordenador y comencé con la tarea que como ya he dicho, hace años vengo realizando, he de reconocer que a pesar de mi enfermedad he tenido suerte, antes tenía que limitarme a las pocas horas que le quitaba al descanso.
Ahora, el día es mío y  diría que gran parte de la noche, en definitiva, soy dueña total de mis actos y de mi persona, con la gran suerte de tener a mi lado a alguien que pese a lo que pese(aqui no viene a cuento) está orgullos@  de todos mis actos, y digo todos y no por eso me ha dejado sóla en mi enfermedad.
Tengo un entorno de amigos familia, conocidos, vecinos y un largo etcetera, que apoyan mis decisiones, mi forma de actuar y...hasta esos  escritos que a algun@ le molestan tanto, con el estupido argumento de que soy vieja(no voy a escribir su calificativo), enmascarad@  ¿cuantas veces hemos comido juntas? ¿que sabes tu de mi vida? ¿como eres capaz de faltar al respeto de la gente, sin conocerla?
Entiendes ahora todo lo que relato anteriormente? poco iba a tardar en enterarme, pero tranquila, que tus palabras ni me hieren ni me importan, más bien me dan risa, ¿que mi familia te ha dicho que no se hacer la o con un canuto?  es cierto, la hago sin él, no lo necesito, mi madre fregó muchos suelos, para que yo tuviese una cultura, pequeña quizá  pero cultura academica, y respeto a los demás eso me lo enseñó ella y lo aprendí muy bien, por eso no voy a decirte lo que me pareces, no vale la pena ponerse a tu altura, si tanto te duele, que me dieran 150€ de premio, cuándo quieras te los regalo, sobre todo para que te compres un manual de educación y respeto hacia las personas, sigue riendote  en la panaderia en la iglesia y donde mejor te parezca, los agravios, según de donde vienen así se les da de importancia.
Recuerda, VERGUENZA, tengo toda la que a tí te falta y la que me enseñó mi madre a no perder nunca, por muy grande que fuese la provocación.
¡Que pena que sea esa la educación que das a tu hijo!