divendres, 21 de setembre de 2012

Hoy quiero confesarme




Han pasado los años, tantos, que creí seria difícil recordar, pero no ha sido así,  solo tuve que desempolvar los archivos del sueño, esos que guardo en el desván de los sueños rotos.
Y he vuelto a mis catorce años, a mis tiempos de escuela, aquellos años, de los que en tanto tiempo, olvidé que existían, o mejor, quise olvidarlos, por miedo, por dolor, o...quien sabe si por sentirme culpable, de haber vivido en una época, en la que siempre pensé que no era la mía.
"Cuatro gatos", así nos calificaba nuestra profesora y de no haber sido, por la forma de expresarlo, hubiese pensado que no encerraba mala intención.
Ciertamente, éramos algo menos de diez alumnas, en una clase  normal  si nos centraban en ella, éramos como un cuadro, con un enorme pas par tout, por eso la dirección del colegio, decidió aprovechar el espacio en el segundo piso, un pequeño recuadro, tan tan pequeño, que  una mesa y cuatro pupitres eran todo el mobiliario, eso sí, con el espacio justo, para que los "gatos" en este caso "gatas", pudiésemos acceder a nuestra plaza, la enorme ventana, era la protagonista de la clase.
Todas veníamos de cursos, en los que nuestras docentes, eran más jóvenes y me atrevería a decir, que menos amargadas, excepto dos, las demás, tuvimos la misma profesora en los tres cursos anteriores y puedo asegurar, que eran como noche y día.
La ventana de la clase, tenía una hermosa panorámica, el insti, de los chicos y nuestra suerte era, que nuestra querida tutora, a partir de las tres, parecía estar programada, con nuestra pequeña ayuda, en el momento en que el sueño empezaba a vencerla, bajábamos con mucho cuidado la persiana, con el fin de que el sol, no perturbase, su cotidiana siesta.
Tenía nuestra querida Hna, digo querida porque, aún y no ocupando en nuestras vidas el mismo lugar, que las anteriores, no la queríamos mal, pero...teniendo en cuenta que estábamos en una edad, algo difícil, nos costaba entender su amargado carácter y claro está, como a cualquier jovencita, nos encantaba, disfrutar de aquellos momentos, en los que podíamos, mirar con sigilo por la enorme ventana, levantando con cuidado la persiana, para ver como nuestros amores platónicos, entraban  en el "Insti".
Alguna vez, por eso de que todas queríamos  asomarnos a la vez, y el espacio era muy reducido, se nos escapaba de las manos la persiana, el golpe no siempre, pero en alguna ocasión era lo suficientemente fuerte, como traer al mundo real a nuestra "bella durmiente"
así la bautizó Marina y así la llamábamos a escondidas.


Debía ser, el curso 63-64, no lo recuerdo con exactitud, debería mirar en mis papeles de estudiante y...la verdad, me invade la pereza, para hurgar en aquellos años, ahora los recuerdo como los más felices y pienso...mi vida debió ser muy dura, para recordarlos así, pues en aquellos días, no me parecían como tal.
Una vez a la semana, la clase de tercero y cuarto de bachiller, nos reuníamos en un aula, para la clase de religión, que impartía, el vicario de la parroquia, lo hacíamos así, porque tanto de un curso, como del otro, no juntábamos en total, suficientes alumnas para un curso.
Yo era de tercero, mi profesora, era la Hna ......, en cuarto era la Hermana ....., opuestas por completo en su forma de enseñar y comportarse con nosotras, puedo afirmarlo, pues en cuarto probé con creces el carácter de la Hna .....,.
La clase transcurrió como siempre, sin novedad alguna, al marcharse el profesor, nadie era capaz de hacer un resumen, pero...atención pusimos todas, claro está, con la esperanza de que terminase pronto, para aprovechar el lapsus de tiempo, hasta que nuestras docentes, volviesen.
La pared de la clase, que daba a la calle, eran cuatro grandes ventanas, cuatro hermosas cristaleras, que aquel día, sabrían de lo que eran capaces, un grupo de adolescentes llenas de energía.
Después de unos minutos en silencio, alguien preguntó, ¿hoy es viernes? !claro¡ respondimos a coro,
entonces chicas, tenemos casi un cuarto de hora, un cuarto de hora, ¿para qué? Preguntó ......
pues para que va a ser, para pasárnoslo bien, ¿que propones versos? dirigiéndose a mí, era el mote,con  que ......, me había rebautizado, seria porque aprovechaba cualquier despiste de la monja (así la llamábamos) para escribir ripios jocosos.
Y, "versos" propuso, juntamos los pupitres y nos marcamos un twist, perfecto corearon todas,pero... hay que bajar las persianas, que no nos vean, dije muy seria.
El baile duró poco, yo, por mi problema en mi pierna, no pude subirme y bien que me alegré después, la cosa se fue calentando y alguien dio un golpe como si llamasen a la puerta, ¿os imagináis el susto de todas y las prisas por bajarse?, en todo este jaleo, cayeron sobre las ventanas, con el consiguiente estallido de cristales.
La "versos" aprovechó el caos, y discretamente, salió de la clase.
Con cara de no haber roto un plato, se sentó en el banco del pasillo, no sin antes avisar de que se fuesen  cada una a su clase, que la monja estaba a punto de llegar, de todas formas, el estropicio, estaba hecho.
La cara de las Hermanas era un cuadro de Rubens o, de Picaso, no sabría recordarla.
El resultado, pagar el cristal entre todas, pero...dijo la Hna ......, ...., no estaba, así que...ella queda libre.
Me hubiese encantado estar entre ellas, pero el miedo a la reacción de mi padre, hizo que aquella vez, no dijera nada  y aceptase la decisión de mi maestra.
La "pintora" reaccionó; !"versos" esta me la pagas¡
La vida, nos depara muchas sorpresas, y cierto, la "versos" de alguna forma se la pagó, años depués se casaba con su hermano



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